sábado, 20 de noviembre de 2010

Árbol

Existió un niño que le tenía miedo a un árbol. Debido al viento, las ramas se movían y asustaban al pequeño, que lloraba creyendo que le caerían encima. Lo que el niño nunca pudo ver era que el tronco del árbol era más firme y por eso el árbol no caería. La ingenuidad nunca lo dejó ver la totalidad del árbol y por eso siempre se mantuvo con miedo a las ramas. Fue incapaz de ver el tronco. El niño existe y existirá en nosotros, siempre.

Atte, el Poeta Urbano

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Gato cabrón

Llevaba dos horas preparando una cena romántica para mi pareja y, al primer descuido, Sabino se escabulló entre los condimentos y, como en una misión secreta, se robó la comida. El muy perla salió corriendo escaleras abajo, mientras los tres gatos de mi vecina loca –que parecen espías de la KGB– actuaron de cómplices y no hicieron nada al verlo escapar. Si mi casa antes parecía Egipto por la adoración que le teníamos, hoy quiero quemarlo vivo como en la Edad Media. Volvió a las dos horas y su cara de “tengo hambre” pudo más con el odio y el castigo que le tenía preparado. Finalmente, la cena romántica por un año de pololeo terminó en tallarines con salsa hechos a la rápida y Sabino –el tierno gato de mierda– se tomó la leche tibia que le serví y se puso a roncar en nuestra cama, patas arriba.


Atte, el Poeta Urbano